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Jueves, 15 Junio 2017 15:13

Animales en peligro de extinción y su peligro para el planeta

Recuerdo, de niña, la asignatura de Ciencias Naturales con la fotografía del lince ibérico mirándome lastimoso desde el otro lado, desde el lado de los desahuciados que muy pronto abandonarían toda esperanza de permanecer en la tierra. Aquellos grandes ojos rasgados, un tanto orientales, por completo fascinantes, los negros pompones y las patillas que le conferían el aspecto de un extraño ser venido también de extrañas tierras… y, debajo de la ilustración sugerente, el siguiente rótulo: animal en peligro de extinción. Han transcurrido casi treinta años y, por fortuna, ese peligro sigue latente, pero el lynx pardinus no ha desaparecido; antes bien, su población ha aumentado ligeramente. Según datos de Wikipedia: “el censo de 2015 indicó un aumento de la población en libertad que, gracias sobre todo a las reintroducciones, alcanzó los 404 ejemplares, de los cuales 361 se encuentran en Andalucía. Estos datos positivos se completan con la confirmación de la persistencia de las poblaciones fuera de Andalucía, en Portugal, Badajoz y los Montes de Toledo.”

Los linces en libertad han sido especialmente sensibles a factores externos, bien sea la acción del hombre o del entorno. Numerosos linces han sido atropellados en las carreteras que unen Matalascañas con las poblaciones cercanas al parque de Doñana, por lo que ha sido necesario construir ecoductos. Otros han sido víctimas de trampas destinadas a otros animales. O de los furtivos. O de la falta de alimentos. O de enfermedades propias de su especie. Por eso, aunque su situación haya mejorado ligeramente, gracias al esfuerzo de muchos, aunque sepa que sus hijos no morirán, acabando con ellos su raza, el mismo triste tigre hispano me sigue mirando, casi treinta años después, desde aquel libro de Naturales, sus bellos ojos en mí clavados…

Lince ibérico Animales en extinción
Lince ibérico

¡Tiburones!

Para toda una generación, los que ahora vamos frisando los cuarenta, queda en nuestras pupilas el horror delicioso con que Steven Spielberg nos deleitó con su triunfal Tiburón (1975), un filme merecedor de haber sido incluido en nuestro ranking en el artículo Animales de cine . Al ir a la playa mirábamos con cuidado la superficie azul y mansa del mar antes de introducir siquiera el meñique, no fueran las potentes mandíbulas del malvado bicho televisivo a hacer de las suyas. ¡Y cuántas aletas de plástico en las espaldas de los niños, jugando a ser los “protas” de su película favorita! “Yo ahí no me meto, por si acaso”, concluía, decantándome por el cubito y la pala y la arena y la tranquilidad de espíritu. Pues ahora resulta que, a los cuarenta y dos años de acongojar al mundo, los tiburones se están extinguiendo. Parece ser que la causa ha sido la pesca y caza indiscriminada; en muchos países su carne se considera una delicatessen, su piel también se utiliza, e incluso se fabrican cosméticos con el tiburón como materia prima. Una barbarie. De las especies de tiburón que existen, la más perjudicada ha sido el tiburón blanco. Como consecuencia de las prácticas descritas, su número ha descendido drásticamente: “Tras un conteo realizado en el 2011, por los científicos Oscar Sosa y Taylor Chapple, el número de ejemplares fue una sorpresa para el mundo de la biología: solo quedan 350 tiburones, muchos menos de los que se esperaban. En un 80% de los casos de muerte, las redes de pesca son el principal motivo: al quedar atrapados en ellas, inevitablemente fallecen. Además, la reproducción de este animal es muy lenta en comparación a la tasa de mortalidad, lo que impide que puedan multiplicase rápidamente para contrarrestar el daño ya hecho”, informa Ecoosfera.com.

Ajolotes: esos misteriosos habitantes de los  lagos mexicanos

“Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl”. Así da comienzo uno de los más sugerentes y conmovedores relatos de Julio Cortázar, uno de los cuentistas más grandes de todos los tiempos. Los ajolotes o, en nahúatl, axolotl, son bellas criaturas marinas en estado larvario que solían habitar en los fondos lacustres en la zona de América Central, en concreto, en  el Valle de México, y que, por mucho que se les busque en esas simas y riscos, ya no se les encuentra. “Desde 2010, su población ha disminuido de forma alarmante, por lo que fue tipificada como en peligro de extinción. Durante la elaboración de un estudio en 2013 no se pudo encontrar ningún ajolote salvaje”, informa La Voz del Muro. La disminución de las poblaciones en libertad se debe a la degradación del hábitat natural de la especie, provocada por la contaminación de las aguas y la introducción de especies competidoras y predadoras del ajolote. La acción del hombre también ha tenido que ver con la inclusión del ajolote en las listas mundiales de “en peligro crítico de extinción”: muchos ejemplares son capturados para ser vendidos en el mercado negro. Prácticas ilícitas que nos privan de la espectacular compañía de unos seres primitivos, de algún modo antropomórficos, que cautivaron al protagonista del relato cortazariano, hasta tal punto que se pasó, sin él pedirlo, sin darse cuenta, al otro lado de la pecera.

La fragilidad de lo pequeño

¿Qué puede tener en común Lita, nuestra Beagle enana con el ciervo ratón de Java? Dos cosas: que ambos son muy, muy chiquitos, y que veremos muy pocos como ellos a lo largo de nuestra existencia. El ciervo ratón de Java, endémico del sudeste asiático, pesa al nacer unos cien gramos, y al llegar a la edad adulta alcanza apenas el kilo. Tiene aspecto dulce y tierno, cubierto de pelo suave corto color caramelo. Sus enormes ojos lo miran todo con sorpresa y recelo, y se oculta de las miradas más inoportunas, aprovechando los recovecos de la selva. Precisamente lo que les ha puesto en guardia contra el mundo es el proceso de deforestación masiva; están perdiendo su hábitat muy rápidamente, y nosotros la oportunidad de ver y ofrecer a nuestros hijos la imagen impresionante de una vida, bien que chiquita, que se renueva.

Ratón de Java Animales en extinción
Ratón de Java

Los hombres naranja del bosque

Allá por las selvas pluviales de Java, Sumatra y Borneo, habita una especie de hombres mitológicos de largos brazos, inteligencia viva y cabellos rebeldes y rojizos. Cuentan que no son muy sociables, que los machos marchan solos profiriendo gritos amenazadores y que las hembras cuidan a sus crías hasta que tienen seis o siete años y pueden valerse por sí solas, en un universo cada vez más hostil, donde los árboles frondosos y serenos caen bajo el peso inmisericorde de las máquinas excavadoras. Son los orangutanes, tan parecidos a los seres humanos que su tragedia, directamente provocada por el hombre, valdría considerarla un delito laesae humanitatis. Las culpables de esta situación son las multinacionales productoras de aceite de palma, que se cultiva en esas latitudes. Los territorios son deforestados y “limpiados”, lo que implica arrasar con todo lo que de vida animal y vegetal haya alrededor y, por ende, la destrucción de completos ecosistemas. El aceite de palma está presente en gran cantidad de productos de uso y consumo cotidiano del que no somos conscientes. Por ello, las organizaciones ecologistas advierten que se abandone por completo dicho consumo en beneficio de los hábitats naturales de nuestro pariente el hombre naranja del bosque. En caso contrario, se estima que en un período de doce años ya no habrá orangutanes en el planeta, informa orangutanworld.com.

Sólo me veréis en fotos…

¿Les suena a ustedes el tarpán? ¿Un caballo salvaje? Caliente. El Equs Ferus Ferus era oriundo de Europa Central y hasta el siglo XIX podía ser visto en las estepas rusas, en Letonia o Polonia, corriendo libre y haciendo las delicias de los naturalistas que los describieron y taxaron por esas fechas. Nos había acompañado desde la prehistoria; se conservan fósiles y semifósiles de al menos 11.000 años de antigüedad en diversos museos europeos. Las causas de la extinción fueron la hibridación y mezcla con los caballos domésticos y la caza de los tarpanes. Actualmente se pretende recuperar la especie a partir de individuos con características genéticas similares.

Tampoco veremos más al hermoso antílope azul del Cabo, ni a George, la última tortuga gigante de los Galápagos, que falleció a los cien años, ni al tigre de Java, ni a la cabra de los Pirineos…Tendremos que conformarnos con fotos, con nostalgias, y hacernos la pregunta de hasta qué punto todos estos cambios van a conformar un nuevo planeta, con nuevas necesidades, huérfano de todos aquellos que se han ido en los últimos tiempos y del vacío que han dejado.

En conclusión, hay que cuidar a los animales en peligro de extinción y a aquellos calificados de “vulnerables”, porque todos ellos, junto al resto de la cadena de la vida, forman un sistema esencial para que funcione el conjunto. En este aspecto, todos somos imprescindibles.