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Jueves, 25 Mayo 2017 15:23

El cine y lo animales, siempre de la mano

¿Cuál es su película de animales favorita? Desde que existe el cine los animales han formado parte intrínseca de los argumentos de las películas, bien como un fondo brumoso que se extendiera por una colina lejana (recordemos aquí las “pelis” bélicas medievales), bien como claro centro del cosmos de celuloide. Así pues, no tenemos más remedio que hacer una criba de filmes con animales, puesto que su número es incontable a día de hoy y, lo que es más, sigue creciendo y creciendo, con producciones a veces sencillas pero rentables, y otras veces multimillonarias, pero con más o menos fortuna en los circuitos de comercialización y distribución.

En este artículo hemos seleccionado películas de animales basándonos en dos criterios fundamentales: a) La calidad. b) El grado de ficcionalidad; esto es, que la película de marras siga un patrón realista o sea puro anime. Hemos de advertir que, dada la gran calidad de las películas de animación existentes en el mercado, nos hemos visto obligados a dejar fuera a otras muchas que podrían del mismo modo haber estado dentro. Es sólo una cuestión de estadística. El buen gusto lo ponen ustedes.

Animales de cine de ficción

Particularmente, a mí siempre me han gustado mucho las películas de animales con tintes realistas en las que quedaba subordinada dentro del argumento otra historia de tintes legendarios. El libro La historia interminable (Michael Ende), que leí siendo muy joven, me fascinó. Poco después fue llevado al cine por Wolfgag Petersen en 1986. Tanto la novela como su adaptación cinematográfica giraban en torno a Bastian, un niño huérfano de madre poseedor de una gran imaginación. Su alter ego, Atreyu, se mueve en un mundo sideral, Fantasía, a punto de estallar en mil pedazos porque los humanos ya no tenían capacidad de soñar. Los contrapuntos simpáticos son los amigos de cuatro patas y hocico: el fiel caballo Ártax, el zen dragón Fújur y, cómo no, la tortuga Morla, sabia, gigante y sibilina. Quizás un poco al estilo de Casiopea, la quelónida de Momo (1986), cinta alemana que pasó sin pena ni gloria por las alfombras rojas de Europa.

La Historia Interminable
La Historia Interminable

¿Recuerdan Pequeño Buda? (Bernardo Bertolucci, 1993). Pareciese que en esta cinta los animales no tuvieran más importancia que la trivial: unos bueyes en el río, la efigie de unas serpientes cobra, los pequeños monos a la entrada del templo, el caballo blanco en el que Siddharta huye de la ciudadela… Pero, ¿Acaso han olvidado el sueño de la reina Maya, la madre del Budda? El elefantito gris es uno de los más bellos animales cinematográficos que jamás hayan podido contemplarse. Y, además, la anécdota es un sueño dentro de un cuento, con lo que nuestros guionistas efectúan un doble giro narrativo: una historia dentro de otra. ¿Se la cuento? Maya se dirige a casa de sus padres para dar a luz al futuro Iluminado. En el entretanto, cae la noche y ella se sumerge en un profundo sueño. En su sueño, un elefantito gris se acerca a la cabecera de su cama y la bendice dándole un beso en la mejilla. Otra breve secuencia muestra a Maya y al elefante bailando juntos en una danza frenética. Elefante, símbolo de armonía, paz, felicidad y amor. No es de extrañar que, una vez nacido Siddharta, broten a su paso, a sus pies, flores de loto.

Post destacado del blog: Los entierros de animales y los cementerios de mascotas en España. 

Bellísima es la cinta de Ang Lee, La vida de Pi (2012). En ella, los animales salvajes tienen un papel fundamental. Pi, el protagonista, en su incesante búsqueda de dios, llega a preguntarse si las fieras, como los humanos, también tienen un alma. Esta película es fiel representante del realismo mágico donde todo puede ocurrir. Absolutamente conmovedora es la escena en la que Pi pregunta a la orangután Zumo de Naranja dónde está su bebé, y ella, con la mirada baja y los ojos tristes, señala allende el mar. Una poesía visual donde los animales cinematográficos muestran lo más cruel y lo más delicado de su naturaleza. Recuerden la escena en la que Pi es arrollado por una gran ballena azul; el lienzo espectacular de fosforescencias parece un extraño cuadro impresionista donde el cielo es el mar. Un fluido cámbrico donde todo se contiene. Pi luchará contra la fiera que habita en él, exteriorizada en un hermoso y siniestro tigre de Bengala jocosamente llamado Richard Parker. Hasta que cada uno encuentra su camino en esta historia singular. Una historia de historias, que parece no pertenecer a nadie.

Animales de de cine anime

La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988) es una película de animación japonesa tan emotiva que no pude parar de llorar durante toda la proyección. Los protagonistas son dos niños, un muchacho, Seita, y su hermanita de corta edad, Setsuko.  Con ambientación en las postrimerías de la segunda guerra mundial, aquí los animales fílmicos son un símbolo de lo efímero de la vida, así como de la convivencia entre los dos planos de la existencia: la de los vivos y la de los muertos. El largometraje se inicia a la manera clásica, muy dickensiana, con una gran tragedia: los dos hermanos quedan huérfanos y van a vivir con su tía, quien les acepta de mala gana mientras los niños aportan alimentos, prendas de vestir y otros regalos que pertenecieron a su madre. Una vez que esta abundancia se agota, son expulsados por la malvada pariente. Seita y Setsuko encuentran un refugio antiaéreo abandonado donde viven felices por un tiempo. Las luciérnágas sobrevuelan los campos de arroz, como si un pintor dibujara estrellas en el lienzo negro de la  noche. Sus cuerpecillos llenos de luz van a parar a una cajita de caramelos vacía y luego, por la mañana, Setsuko comprobará que se ha apagado su brillo… no quiero desvelar el final; sólo les diré que el final es el principio. Los animales de cine tienen aquí la misión de redondear la película y abrir las puertas a un escenario onírico, fantasmal. Un escenario feliz, pese a todo. Véanla, se lo ruego. Una obra de arte así ni se concibe, ni se rueda todos los días. ¡Tienen mi palabra de que si no satisface sus expectativas les devolveré el dinero de la entrada!

Puede que recuerden esta escena, protagonizada por dos de los perros más cinematográficos del cine de animación: una música de violines, una botella con flores, mesa con mantel a cuadros y dos platos de pasta con tomate y albóndigas. Un restaurante italiano con un maître amante de los animales y con alma de casamentero… En efecto, han acertado. Se trata de La dama y el vagabundo (Walt Disney Pictures, 1955). Reina es una dulce y mimada Cockel Spaniel, y Golfo es un callejero que ha pasado su joven vida no precisamente entre algodones. Los polos puestos se atraen, y éstos no pueden ser más opuestos. Sin embargo, en el fondo, Reina y Golfo comparten una gran generosidad y un corazón de oro, que les hará merecedores de un hogar y el cariño de sus dueños. Pero no todo es color de rosa en esta historia: cuando la esposa de Juanito, el dueño de Reina, queda encinta, la perrita recibe un trato algo frío, aunque cuando el niño nace todo vuelve a la normalidad. Por su parte, las malvadas gatas persas Si y Am la pondrán en más de un aprieto. Reina acaba con sus huesos en la perrera municipal, pero aclarado el asunto vuelve a casa para enfrentar más y más problemas… en fin, el amor todo lo puede y Reina y Golfo se quieren por encima de todas las cosas. Donde ellos (y su familia numerosa) estén siempre sonará música de violines… con sabor a tomate y albóndigas.

Pero si alguien se lleva la palma en cuanto a animales de celuloide se refiere, ése es Dumbo (Dumbo, Walt Disney Pictures, 1941). Un defecto físico que cualquiera puede sufrir y que se convierte en un dolor constante de cabeza, porque los demás se creen con derecho a burlarse de nosotros, se convierte en motivo de orgullo y superación. El tan de moda bullying ya existía desde hace mucho. Tanto es así, que en la antigua Grecia los niños con defectos físicos eran abandonados en el monte. Dumbo es un canto a esa imperfección que nos puede transformar en seres geniales y sin parangón y que, además, son aceptados en la comunidad y admirados  y queridos por ella. Un apunte: ¿Qué llevaría el champán que derramaron los payasos en el cubo del que bebieron Dumbo y Timoteo el ratón? Porque yo he bebido champán en más de una (y en más de dos) y jamás he visto un elefante rosa. Claro que nunca vi tampoco a un elefante volar…

Conclusión

Los animales han jugado y juegan un importante papel en el cine de hoy y siempre. Tanto si son tramas originales como si se trata de adaptaciones literarias, hay grandes (en el sentido del magníficas) producciones esperando a que las descubramos. Animamos a todos nuestros lectores a hacerlo. No se arrepentirán. Y, si la búsqueda comienza aquí, sean bienvenidos.

Bibliografía:

IMDb.com