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Jueves, 28 Septiembre 2017 12:00

La vida diminuta: Los insectos

Los insectos nos han acompañado desde el principio de los tiempos.Y para muestra un botón. Os invitamos a que le echéis un vistazo a la página de Discovery e la Escuela. Según esta fuente, hace 300 millones de años ya surcaban los cielos y sobrevolaban la tierra y las aguas. Son unos guerreros supervivientes, mutantes cuya forma ha cambiado con el transcurso de los siglos. Sigilosos, trabajadores, inquietos, están aunque no los veas. Horadando las fauces de la tierra, hilando bellos tapices geométricos de plata.

Imaginad los tiempos pretéritos, cuando eran mucho mayores, y tenían el tamaño de un niño de diez años aproximadamente. Estos Ícaros, primos lejanos de los actuales, surcaban los cielos en busca de sustento, en coexistencia con los nacientes anfibios que darían lugar a los dinosaurios. Otros caminaban por la tierra, adaptándose a los cambios fisiológicos impuestos por la lucha para burlar a sus predadores. Desarrollaron un exoesqueleto y se hicieron más pequeños y más aerodinámicos. Nuevos y mejores órganos, mejor adaptados al ambiente, surgieron.

En fin, los insectos fueron convirtiéndose en lo que hoy son. ¿Me creéis entonces si os digo que estos monstruitos antediluvianos existieron desde hace mucho, mucho? ¿Y si os enseño una fotografía de uno de ellos momificado en ámbar? No me conformo con cualquiera. Se trata de una especie que, según los científicos, posee “una cabeza triangular, un aspecto que recuerda al de una criatura extraterrestre y características tan inusuales que no han dudado en colocarlo en su propio orden científico, un acontecimiento nada usual.

Insecto antiguo conservado en ámbar
Insecto preservado en ámbar. George Poinar, Jr / Universidad Estatal de Oregón

Los insectos, los superhéroes de la naturaleza

Resulta fascinante radiografiar y ampliar la anatomía de estos diminutos seres. Por ejemplo, sus ojos son compuestos y los forman veinticinco mil lentes ensambladas en forma de hexágono, que constituye un ojo en sí mismo, tan delicado y a la vez tan potente, maravilla de la naturaleza, capaz de captar con precisión el movimiento, la figura y los colores gracias a sus “gafas” de luz ultravioleta.

¿No os habéis preguntado nunca por qué los superhéroes tienen características y potencias parecidas a las de los insectos? La respuesta, para mí, es que éstos son unos auténticos superdotados. Vuelan, saltan (por ejemplo, si pudiéramos saltar como la pulga, en proporción a nuestro tamaño, constitución y peso, llegaríamos a la Luna sin necesidad de lanzadera espacial).

Las libélulas, verbigracia, pasan el invierno “congeladas”, y todo su organismo se paraliza; su corazón se detiene, y al llegar la primavera vuelven a la vida para seguir con su ritual de apareamiento y procreación. Son unos seres tan bellos, que desprenden luz doquiera vayan, con sus colores tan distintos, del verde al rojo. Dragones en miniatura, caballos de viento.

Libelula insecto dragon en miniatura
La libélula, uno de los insectos más impresionantes

¿Y los escarabajos peloteros? ¿Sabíais que son capaces de cargar mil veces su peso? ¿Y la araña pescadora, capaz de caminar sobre las aguas? Esta araña-buzo puede, además, resistir bajo del agua 45 minutos sin interrupción. Las cucarachas, por ejemplo, son altamente resistentes a las altas temperaturas. Después de las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, no quedó rastro de vida, excepto ellas. Otro dato curioso es que pueden vivir varias semanas decapitadas. El escarabajo bombardero, de otro lado, puede expeler una sustancia en forma de gas que alcanza los cien grados de temperatura. Sólo la utiliza como la mofeta, cuando se siente amenazado.

Las funciones de los insectos y su peligrosidad

Los insectos y las flores, por así decirlo, se atraen unos a otras con la misma intensidad. Sus espectaculares ojos adaptados las ven de una forma muy distinta a como lo hacemos nosotros. La polinización permite el desarrollo vegetal. Este proceso no es más que el transporte y depósito de polen de una planta a otra. Dicho en lenguaje científico: “la polinización es el proceso de transferencia del polen desde los estambres hasta el estigma o parte receptiva de las flores en las angiospermas, donde germina y fecunda los óvulos de la flor, haciendo posible la producción de semillas y frutos”. En épocas prehistóricas, los insectos simplemente comían plantas. Cuando surgieron plantas con flores, comenzó una verdadera relación fertilizadora y nutricia, y los insectos se convirtieron en los jardineros de la Creación.

Por otra parte, ¿sabéis que los insectos son los mayores depredadores que existen? Devoran a otros invertebrados dañinos y por tanto ejercen una función plaguicida. Junto a su diversidad, llama la atención su cantidad. Son incrreíblemente abundantes: ¡200 millones de individuos por cada uno de nosotros! La proporción es, sencillamente, increíble. Imaginad que midieran dos metros: ¡Menuda película de terror! (Por cierto, Stepen King ya prestó su imaginación al celuloide al adaptarse su novela corta La niebla, altamente recomendable para los aficionados al cine de ciencia-ficción). Tendríamos que escapar a todo gas. Porque algunos de ellos son peligrosos, muy peligrosos, como veremos a continuación:

1. En primer lugar, la mosca Tse-Tse. Esta africana tiene muy mal genio. Según nuestras fuentes, su picadura “afecta al sistema nervioso de la víctima, con síntomas de fiebre o hemorragias y que pueden derivar en un coma”.

2. Otra malvada grandullona es el avispón gigante japonés. “Su veneno es muy fuerte y puede provocar la disolución del tejido humano”, según nos informan. Si la veis, huid de ella a toda prisa, pues os puede ocasionar un grave daño e, incluso, la muerte.

3. Otra que sabe mucho de muerte es la Lonomia obliqua. Este espécimen se encuentra en Brasil, y sus pelillos urticantes son mortales de necesidad. Puede que te parezca bonita pero, si la ves, permanece en el lugar el tiempo justo para sacarle una foto y huye, porque si no, estás perdido.

4. Langosta africana. Arrasa con los campos de cultivo y es capaz de atravesar el océano para hacer lo mismo en el Caribe. Sus plagas son terribles y causan onerosas pérdidas en las cosechas. Su “velocidad de crucero” es de 30 km/h y viaja en grupo, lo que le convierte en una amenaza para las cosechas y para los campesinos que las guardan.

El oro líquido de natura: La miel

¿Os gusta la miel? Os voy a contar brevemente su historia. El ser humano y las abejas se han relacionado desde el principio de los tiempos, desde que aquél viviera en las cavernas, en la época de la última glaciación.

Más tarde, en el antiguo Egipto, la miel era utilizada en gastronomía, medicina y embalsamamiento. En el mundo griego clásico también existía la apicultura, y se aplicaban técnicas muy parecidas a las de hoy en día. Los romanos la perfeccionaron e introdujeron nuevos productos y aplicaciones.

Abejas y el oro de natura, la miel

Las abejas tienen una morfología singular y están graduadas en categorías: obreras, que trabajan transportando el polen, el zángano y la abeja reina. Las obreras hembras son las más numerosas de la colonia. Pueden ejercer diferentes funciones a lo largo de su vida. ¡Nunca están quietas!: limpiadoras, criadoras, guardianas,etc. Los zánganos macho son algo mayores de tamaño que las obreras. Nacen de huevos no fertilizados y su función básica es copular con la reina. Al unirse a ella pierden sus genitales y ello les acarrea la muerte.

Las abejas, sociables de suyo, conviven en una colmena. Ésta se conforma de varias partes: el piso inferior, donde aterrizan las abejas, la cámara de cría, donde crecen los huevos y generalmente está la reina y el piso melario (marcos que contendrán la miel fabricada por las abejas).

Una reflexión sobre los insectos

Los humanos convivimos con los insectos. Escondidos en sus rincones, desarrollan una vida secreta de generaciones y generaciones de individuos de los que apenas sabemos nada.

A ti, lector, te invito a que saques tu lupa y tus prismáticos y te pongas a observar el suelo y el cielo en busca de insectos voladores, rastreros o trepadores. Es mágico ver a una araña común desplegar sus colores ocres bajo el cielo, sus pequeños ojos oscuros mirándonos desde el otro lado. Quizá ella tenga más miedo a nosotros que nosotros a ella.

Yo le digo a mi sobrina de once años: “Vamos a ver, ¿quién puede comerse a quién?” para vencer ese miedo atávico a lo desconocido. Pero aquí nadie se va a comer a nadie. Vamos a admirar. Miremos bien. Amemos a estas pequeñas criaturas que están aquí para facilitarnos la vida. Aprendamos a huir de los antihéroes y, si alguna vez nos los encontramos, hagámosles una mueca de burla. Nada más.

El universo es así: esplendoroso, contradictorio, brillante, sí, pero también alberga una parte oscura.